domingo, 31 de julio de 2016

orilla


Me orillo
trazo una estela de mí
me envuelvo
con ella
y
con ella
me opaco.

puntuación



"Narraba como un buzo buscando el fondo". Novela.

"Narraba como un buzo, buscando el fondo". Cuento.

"Narraba como un buzo: buscando el fondo". Chiste.

"Narraba como un buzo: 'buscando el fondo'". Sarcasmo.

"Narraba, como un buzo buscando el fondo". Poesía.

viernes, 20 de mayo de 2016

abisal


La noche es un sonido
intermitente
en la profundidad
una luz tenue
a kilómetros del aire
el compás en v
sobre la mesa
el mapa
la línea
el punto
acá
nos han vencido
no volveremos
a la patria
ni a la casa
ni al amor
la noche es el fin
agónico y oscuro
en esta cáscara de tuercas.

sábado, 2 de abril de 2016

llueve, si tenés suerte, en el corazón de la manzana


Si tenés suerte
un día llueve hacia el lado correcto
y podés dejar abierta la ventana
y entra el arrullo
y el olor de la calle mojada
y suena la música que tiene que sonar
y todo es perfecto
la tristeza
la melancolía
la esperanza
fluyen sin esfuerzo
sin dolor
como parte de una misma cosa
mirás cómo se mojan los techos
en el corazón de la manzana
y los árboles se quedan quietos
todo está quieto
y vivo
y quieto
si tenés suerte
un día entendés
que dejarse llover
es más fácil de lo que parece
y que todo pasa
después de la pausa
porque todo
siempre
pasa.

sábado, 18 de julio de 2015

otra Cenicienta es posible...




- Pa, al final... Cenicienta y el príncipe se casaron, ¿o no?

- Ya te conté la historia, Miguelito, ¿no te acordás?

- Sí, pero hoy Dieguito me contó en el jardín que la historia terminó de otra manera y que los papás y las mamás siempre cambian las historias porque no quieren que sepamos que el mundo no es de color rosa y quieren prepararnos para las vicisitudes de la vida que tantas preocupaciones nos traerán cuando ingresemos en el mundo adulto y que además esa práctica tan vinculada al ejercicio de la paternidad y la maternidad de mentirnos a los hijos estructura sobre nuestras conciencias una dinámica que nosotros mismos pondremos en práctica cuando nos toque asimismo cumplir el rol de padres.

- ...

- Dieguito me contó que el príncipe encontró a Cenicienta sí y que se casaron sí pero que la frase final de que fueron felices y que comieron perdices no se condice con la verdad pura verdad porque en realidad no había perdices que comer porque el mundo en el que se desarrollaron los hechos no estaba en el pasado sino que estaba en el futuro porque el cuento se lo contó un viajero del tiempo a una persona que lo empezó a contar y a contar y entonces ahora lo sabe todo el mundo pero lo remiten al pasado porque no pueden aceptar que el ser humano tiene la capacidad de viajar a través de los tiempos porque no entra dentro de los paradigmas científicos de la época y que entonces resulta que el cuento de Cenicienta no es un cuento sino que es una historia real pero deformada y que en realidad no ocurrió sino que ocurrirá pero que eso da lo mismo porque si el tiempo es circular como aseguraba Einstein lo que ocurrió volverá a ocurrir y lo que ocurrirá ya ha ocurrido innumerables veces y que la historia de la Cenicienta y el príncipe ocurrió y ocurrirá en el futuro y que ese futuro es más negro que la pieza cuando me apagás la luz a la noche porque nos encaminamos a la explosión social en este sistema capitalista que el ser humano tan cruelmente se ha procurado a sí mismo y cuya propia lógica hace que la marginalidad deje de ser marginal porque cada vez es más mayoría y que los marginales van siendo los que tienen perdices que comer.

- Miguel...

- Y que entonces en ese mundo que ahora es nuestro futuro pero que ya pasó en otro momento el príncipe y la Cenicienta se casaron pero distaron mucho de ser felices porque estaban muy concentrados en las miserias que su pueblo y ellos mismos estaban sufriendo y que una persona no puede ser realmente feliz cuando sus pares no lo son y que si dice y se dice a sí misma que es feliz es porque tiene muchos problemas psicológicos y se tiene que hacer tratar porque no puede asumir la propia infelicidad.

- Hijo, escuchame...

- También me contó que motivados por esa infelicidad y por la de todo su pueblo encabezaron un proceso revolucionario por el que las cosas nunca volvieron a ser iguales y que ya nunca nadie gobernó a nadie porque la gente se dio cuenta de que tenía que ser buena y que si se repartían las perdices que había alcanzaba y sobraba para todos y no había motivo por el que pelearse y entonces no había motivo por el que tuviera que surgir una persona que hiciera de juez y por tanto que pudiera ser corrompida porque no por ser juez se deja de ser persona y que el error está en atribuirle a una persona las características de un dios porque los dioses no existen sino que son construcciones del hombre y que no es el hombre el que está hecho a imagen y semejanza de dios sino al revés por el puro egocentrismo del ser humano y que como en realidad el futuro también es pasado y siempre se dijo que hay que aprender del pasado nosotros teníamos que aprender de la historia de la Cenicienta que se casó con el príncipe y empezar a compartir las perdices antes de quedarnos sin y como no teníamos perdices en el jardín él me convidó de su sanguchito y yo le di de mi chocolatada y seguimos pintando en el papel sin importar de quién eran los crayones.



lunes, 6 de julio de 2015

cinco epitafios para el fichero de dios.


I
"Amó y fue amado. Encontró valor en las cosas pequeñas. Un juguete de la infancia lo marcó para siempre. Él no lo supo".

II
"Quiso ser un gran hombre. Lo intentó con ahínco. Pobre..."

III
"No tuvo un pelo de tonto. No tuvo pelo en general: fue el calvo más ilustre del que se tenga memoria".

IV
"Su vida fue una carcajada. Disfrutó cada segundo como si fuera el último. Fue un espíritu joven y lúdico. Que Dios lo tenga en su santa noria".

V
"Aquí yace Isaías Brown, el notable tramposo. Pero... ¿yace aquí Isaías Brown, el notable tramposo?".

martes, 23 de junio de 2015

Jorge Teillier: la voz del lugar.




“(…) en dirección final a la ciudad rudimentaria

avanzo mientras dure lo que existe para siempre”.

Dylan Thomas.




I

La poesía de Jorge Teillier tiene la vocación de vivir para siempre. No porque sea genial –que lo es-, ni porque sus lectores vayan a recordarla eternamente –quién puede saberlo-, sino porque sus versos tienen un pulso orgánico y proponen con la palabra una solución a la fatalidad del tiempo.

Jorge Teillier nació en Lautaro, al sur de Chile, el 24 de junio de 1935. En esos días el pueblo Mapuche celebraba el We Tripantu: el regreso de la luz, después de la noche más larga. Es el año nuevo de la gente de la tierra, el momento en que se renueva el ciclo de la naturaleza y los días vuelven a caminar hacia el sol, que garantizará nuevas cosechas.

Es una noción de temporalidad central en la obra de Teillier: desde lo temático, a través de la elaboración de metáforas e imágenes que aluden a la renovación incesante; y desde lo formal, en la recurrencia a estructuras circulares y una versificación de ritmo natural, que invita a una lectura en voz alta alejada de la solemnidad: “Uvas marchitas sueñan con el vino/donde podrán resucitar. (…) Todos hemos estado/en el puñado de tierra/que lanzamos por primera vez a ese ataúd”

La poesía de Teillier nace como lucha contra el tiempo, sí, pero su estrategia no es la confrontación, sino el encabalgamiento: su voz no huye de la muerte, pretende integrarse a ella. Son los ciclos de la tierra los que permiten a Teillier suturar el desgarro provocado por la finitud, por la certeza de su inexorabilidad. Se somete a la metamorfosis del cuerpo, y busca en la poesía el alumbramiento de una memoria que se proponga como sedimento, como espacio al que llegar en el futuro, no para reconocerlo, sino para encontrarlo extraño, y acaso revivir la sensación provocada por aquel poema ensayado a los dieciséis años: “el primero que vi, con incomparable sorpresa, como escrito por otro”.


II

Tal vez sea la presencia de esa misma tensión entre la trascendencia y la desaparición en la obra de Dylan Thomas la que haya convocado la lectura que de su obra hizo Jorge Teillier. Elizabeth Azcona Cranwell, traductora de Thomas al español, interpretaba en la última etapa de su producción poética una “operación del espíritu que por fin acepta la renovación terrestre, la precesión y transformación de las estaciones, el equilibrio del ritmo cósmico, el diálogo entre la permanencia del ser y la movilidad del mundo”.

En una novela del uruguayo Juan Carlos Mondragón (Hagan de cuenta que estoy muerto) un pintoresco personaje, el Gordo Molinari, anuncia en una carta a sus amigos del Café Praga que con enorme esfuerzo consiguió escribir el poema diecinueve: el eslabón perdido entre los 18 poemas de Dylan Thomas y los 20 de Pablo Neruda. Leyendo la poesía de Teillier me resulta inevitable recordar esa idea.

Sin proponer que está ahí el puente que une la obra del galés con la poética chilena o latinoamericana en general –quienes saben de estas cosas seguramente dirán que no es así-, es ineludible la lectura de algunas huellas de Thomas en la poesía de Teillier. “En el dique de la puerta natural me acurruqué como un sastre/que cosiera la mortaja para una travesía/bajo la luz del sol devorador de carne”, escribía el primero, y el eco de esos versos se hace escuchar en los de Poemas secretos de Teillier, de 1965: “Detrás de las colinas siempre hay niebla,/el alba no amanece sobre yermos de ortigas/ni en cuclillas al sol/el sastre del tiempo cose nuestra mortaja”.

Pero si en su poesía Dylan Thomas buscaba restituir la dimensión mítica del hombre, la individualidad que éste había perdido en la generación de poetas británicos que lo precedió (la war generation), Teillier busca la construcción de otro mito: el del lugar.


III

Utilizando una expresión que él mismo acuñó, se suele definir la de Teillier como una poesía “lárica”. Transita ésta por imágenes de lugares y tiempos perdidos en la infancia, el viento puelche barriendo los pueblos polvorientos del sur de Chile, personajes colectivos que reconstruyen la vida de la aldea: campesinos, pescadores, chicos, costureras, vagabundos, borrachos empedernidos entregados a los aperitivos en el Hotel de France.

Hay sonoridad en los versos de Teillier. Pero no sólo en ellos, sino a través de ellos: muchas veces se condensa en un sonido la potencia dramática de una escena, el ritmo de la vida que se impone al de la muerte: “En el cementerio del cerro/la primavera se detiene para que florezcan amapolas/en los párpados de los muertos./Los martillazos y los chillidos de las tablas/anuncian que el pueblo resucita…”.

Los personajes, los sonidos, las imágenes constituyen los matices de un enorme tapiz, en el que podemos reconstruir la mirada de un hombre. La contemplación del poeta.

“A través de la poesía de los lares yo sostenía una postulación por un ‘tiempo de arraigo’”, escribía Teillier en 1968. Se oponía aquél al tiempo del “éxodo y el cosmopolitismo” que leía en los poetas de la Generación del 50.

Lucha contra el tiempo, sí, pero por la multiplicación de tiempos.


IV
El 22 de abril de 1996 murió Jorge Teillier. El alcoholismo lo arrastró a una muerte que estuvo preparando durante años. Lentamente. Como los piratas y bribones de La isla del tesoro, libro homenaje a Robert Louis Stevenson que escribió con el peruano José Pardo del Arco, Teillier tiraba botellas al Mar de los Recuerdos y se abandonaba a la ensoñación con los poemas de Li Tai Po, el de los ojos de nogal. En ese universo entre nostálgico y lúdico, trágico y mítico, hay una clave para leer a Jorge Teillier.

Sus versos, ya se dijo, tienen la vocación de vivir para siempre.


V

“Si alguna vez
mi voz deja de escucharse
piensen que el bosque habla por mí
con su lenguaje de raíces”.

(En el mudo corazón del bosque, 1997)

viernes, 8 de mayo de 2015

viruta


Trabajar un texto como quien talla madera, a golpe de formón siguiendo la veta. Con cierta firmeza. Con cierta delicadeza. Hundir el metal en la vena. No demasiado, pero suficiente. Angular, inclinar. Cambiar de lado. Llegar a la marca. Parar a tiempo.
Hacer, con la viruta, un fuego.

miércoles, 6 de agosto de 2014

nada alguien hoy

A Guido.


Hoy alguien encuentra un nombre
un laberinto de huellas
encuentra alguien hoy
el fuego
la rueda
el arado
siembra alguien hoy la tierra
alguien hoy anda descalzo
hoy alguien nace
y muere alguien
hoy alguien siempre
y ya nunca
nada alguien hoy
por vez primera
hoy se ha dado vuelta el verbo
como una media
el silencio
estrenó alguien hoy
un traje
alguien entornó
los ojos
alguien hoy aprieta el paso
apuró alguien hoy el trago
algo alguien habrá hecho
para que hoy corra su sombra
sobre la estela de alguien
ya no hoy
pero sí siempre
alguien nunca
siempre alguien.