miércoles, 19 de octubre de 2011

la escritura y las vísceras: sobre "Le viste la cara a Dios", de Gabriela Cabezón Cámara


Escribía José Sbarra, en “Marc, la sucia rata”: “El adolescente ha terminado de leer su libro. Se encienden estrellas sobre la basura. Es la primera vez que lee un libro desde el comienzo hasta el final”.
Escribe Gabriela Cabezón Cámara, en "Le viste la cara a Dios": “…(es) como lograr entender lo que es arduo de entender, como la cerca que Tom Sawyer le hizo pintar a sus amigos en el primer libro que leíste entero, como la bala que soñás para el cafishio…”.
José Sbarra hablaba de un adolescente andrajoso, de un hijo del basural, que descubre en un libro un universo. Gabriela Cabezón Cámara de Beya, una mujer secuestrada y obligada a ser puta en un burdel de Lanús, que ve por primera vez la cara blanca y radiante de Dios. Me conmueve encontrar dos escrituras tan genuinas, crudas y revulsivas que miren hacia lugares tan parecidos, y den casi con las mismas palabras, las mismas imágenes, para representar una experiencia mística de lectura y nacimiento; de nacimiento en la lectura.
Me conmueve haber vuelto a leer esas líneas de Sbarra, casi azarosamente, apenas unos minutos antes de entregarme al descubrimiento (extasiado, hipnótico, por momentos agónico) del último relato de Cabezón Cámara.
Me conmueve la escritura que sacude la cabeza, el corazón y las tripas de quien lee, porque antes sacudió la cabeza, el corazón y las tripas de quien escribió.
Me conmueve la escritura de las vísceras.
“Le viste la cara a Dios” fue editado en España por el sello Sigueleyendo: un proyecto de edición digital, que propone a medio centenar de autores reescribir -feroz, cruelmente- los cuentos clásicos infantiles, y ponerlos a disposición de los lectores al precio de 1 euro. El trabajo de Cabezón Cámara construye una Bella Durmiente torturada, sodomizada, humillada, reducida a la versión más dolorosa de la carne, que busca, desde el ovillo infantil de la posición fetal, resignificar las caras del odio y el amor.
Es mucho lo que puede decirse sobre las virtudes del relato de Cabezón Cámara: sobre la respiración que impone; sobre la segunda persona desde la que interpela a un personaje y al lector simultáneamente; sobre la violencia de la representación, y la violencia de lo representado; sobre la desafiante y complejísima red de textos y discursos sociales que alimentan la narración… Pero casi siempre esos son datos que a la larga se olvidan, o quedan en el plano de la idea. Cuando un libro de verdad trasciende, y se queda impregnado en el nivel de la experiencia, es cuando logra suspender durante un tiempo todo lo que no esté implicado en la profunda comunión que se establece entre dos sensibilidades. Cuando, como el andrajoso adolescente de Sbarra, como la vejada Beya, quien lee tiene la sensación de estar leyendo por primera vez; de estar naciendo, y estar siendo nacido.           

jueves, 22 de septiembre de 2011

fragmentos de un inexistente diario de viaje (IV)

28/6/2008

El programa de actividades anuncia la proyección de cortometrajes en ese lugar, ese día, a esa hora. Me acerco a la mesa de entrada para saber si ya se puede pasar a la sala. La muchacha a cargo de informes me dice que ha habido un cambio en la programación, y se proyectará una película que no me interesa. Pregunto cuándo, entonces, se podrán ver los cortos. Como si me estuviese explicando una obviedad, levanta sus manos y dice:
- Bueno, cuando indique el programa.
Creo que agradezco antes de irme, pero no estoy seguro: algo me aturde.

fragmentos de un inexistente diario de viajes (III)

9/6/2008

A dos asientos del lugar que ocupo, en la mesa contigua, un hombre joven come en silencio. Su mano derecha  tiembla por momentos con violencia. Él intenta contenerla con la mano izquierda.
El tenedor se mueve a unos centímetros del plato, y el hombre tiene que agacharse, hasta casi tocar con el mentón la comida, para llevar la boca hacia el trozo de carne chorreante de salsa.
Mientras mastica mira al frente, con la mirada perdida; a lo mejor intentando recuperar la dignidad que siente amenazada.
Sus compañeros de mesa no le prestan atención.
No hay rabia en la expresión del hombre. Hay una silenciosa tristeza.

fragmentos de un inexistente diario de viaje (II)

9/6/2008

Emily es una niña. Habla con voz infantil, a la que imprime una fuerza impostada; como si quisiera responder a una amenaza antes de que ésta ocurra.
Emily está embarazada. Su papá la dejó embarazada. Ella dice preñada.
Una noche, cuenta, se despertó con alguien dentro de su cama. Cuando se fue, reconoció a su padre.
Él ahora está preso. Es sicario.
- Mata gente, dice Emily.
El hermano de su padre también es sicario.
- Si él no te puede matar a tí ahora averigua tu nombre y apellido, mueve unos santos, y tú te mueres.
Una señora, en la mesa de al lado, se persigna y nombra a dios.
El tío de Emily no quiere que sus hijos sigan su camino. A uno de ellos no le gusta estudiar. Él lo amenazó con matarlo si deja la escuela. Presumo que al tío de Emily no le gusta hablar con metáforas.
- ¿Cómo se llama tu padre?, le pregunta otra señora a Emily.
- Venancio.
- Ahora tendrás que ponerle Venancio a tu niño, dice la señora.
Emily no quiere decir en la escuela que está embarazada, para que no la echen. Ya echaron, por ese motivo, a dos compañeras.
Emily no come sus lentejas. No le gustan.
Emily tiene catorce años. Emily es una niña.

domingo, 11 de septiembre de 2011

con una tiza pintó

Con una tiza pintó
sobre la pared
la hora del beso aquél
la hora del que lo dijo todo
pintó con una tiza
sobre la pared
la hora última
tan temprano
la hora del miedo
la reflexión
el suspiro
el barco
la hora oscura del cigarrillo
y los ojos
y la boca torcida
la hora del estertor
y el delirio
en el camastro aquél
con una tiza pintó
sobre la pared
la hora de la canción de cuna
la oración
el mantra
la hora del agasajo
sordo agasajo con ecos
la hora sola
la sola hora
pintó con una tiza
sobre la pared
la hora del jadeo
las yemas
la lengua de fuego
la hora de la epilepsia
el hipo
la hora del regalo cortés
la hora tuya
la hora mía
la hora nuestra
pintó con una tiza
sobre la pared.

sueña (versión II)

Sueña
un sueño perturbador
sueña
muy adentro
desentraña
                 desensueña
                                   despierta
                                                 deshecho
es otro
           desecho.

viernes, 9 de septiembre de 2011

sueña

Sueña
un sueño perturbador
sueña
muy adentro.
Desentraña.
Desensueña.
Al despertar
                     se encuentra
                                            tercera persona.

sábado, 30 de julio de 2011

miércoles, 22 de junio de 2011

viernes, 27 de mayo de 2011

lunes, 25 de abril de 2011

literatura de oficinas





Ahí nomás se puede leer una nota para la que me estuve quemando las pestañas durante unos meses. Ahora quedé con los párpados lampiños y la satisfacción del trabajo realizado...

viernes, 14 de enero de 2011

haikus (II)


Ero-haikus, o los efectos del sol en la sesera...

I
busco la sombra
y sólo está ella
sobre el médano

II
no habrá después
si quemamos el tiempo
en la mirada

II bis
no habrá después
si ardemos de golpe
en la mirada

III
entre los ojos
ha nacido un puente
el no lo sabe

IV
no hay secreto
cuando huya el viento
llevará tu voz

V
escribir tu piel
hasta que se acabe
y después morir

jueves, 13 de enero de 2011

boomerang


El semáforo está en rojo. Desde la ventanilla del auto estacionado, el muchachito hace un movimiento con la mano y modula excesivamente la frase, como para que se lean los labios:
- ¿Me dejás pasar?
Desde el taxi le devuelven un meneo negativo de cabeza.
-¿No me dejás pasar?
Nuevo meneo negativo de cabeza y frase ininteligible. El muchachito retrocede un poco el auto hasta colocar las ventanillas abiertas a la misma altura.
- ¿Cómo decís?
- Son las reglas del juego.
- ¿Las reglas del juego son que no hay que dejar pasar al otro?
- Sí.
- Qué juego feo, ¿no?
- ...
- ...
El semáforo cambia a verde.
- Bueno, pasá, pasá.
- Muchas gracias.
El auto estacionado acelera moderadamente, y pasa delante del taxi. El muchachito saluda con la mano y se va. La vida continúa. Qué lindo es transgredir las reglas.