domingo, 28 de octubre de 2007

brocha gorda


Sepan disculpar la demora en las actualizaciones del blog, pero con María estamos pintando el departamento... En la foto sobre estas líneas, nos tomábamos un descanso. A mí no me terminaba de convencer el sombrero que se hizo con el potus y una servilleta; pero, ¡es tan habilidosa!

martes, 16 de octubre de 2007

mil batallas



Hay teoría en las esquinas. Para todos los gustos. Brillantes, exóticas, contundentes, insustanciales... insólitas. Insólitas.

En diálogo de espera vacía, como al pasar:

- Tan bravos los mosquitos, ¿eh?

- Sí... terribles. Y creo que este verano va a ser tremendo...

- ¡Sí! Tremendo va a ser. Y viste que ahora los matás así nomás, con la mano... pero al final del verano ya están más cancheros, no los agarrás ni de broma.

Y ahí quedo yo, preguntándome en qué fogones, al promediar la temporada, los mosquitos experimentados aleccionarán a los novatos.

viernes, 12 de octubre de 2007

perspectivas


Desde esta perspectiva lo más cercano son sus pies descalzos. En las uñas, desparejas, olvidadas, un continente de tierra, un sinfín de caminos pedregosos y áridos. Entre los dedos la sangre ya está seca. Los tendones dibujan su relieve tenso, como el eco mudo de un sufrimiento sostenido.
Las rodillas están levemente flexionadas, y los muslos velludos encuentran su vértice en un circunciso sexo retraído. También éste se viste de sangre seca, bajo el pubis ensortijado y sucio.
Más arriba, la musculatura abdominal se estira, apenas doblada hacia la izquierda. Sobre las costillas, cubiertas por una delgada capa de piel blanquecina, la hendidura rojiza gritó borbotones de sangre, y tiembla ahora levemente.
La barba negra y abundante oculta el hombro izquierdo sobre el que duerme la mandíbula ya muerta. Desde aquí abajo observo los ojos opacos, que no ven las imágenes de los últimos minutos. Allí adivino, sin embargo, el rencor de saberse prescindible aún en la hora de la muerte.
Los pómulos pronunciados; los labios, entreabiertos, mostrando una oscuridad sin aliento; un rostro lívido y final.
Se llueve el cabello castaño hacia la tierra, sobrepasando un poco el axila izquierda. Desde ahí se estira, delgado, surcado de arterias vacías, el brazo siniestro por el que fuera prendido. Los dedos se cierran sobre su palma, como asiéndose a la cabeza del clavo ardiente. Uno sólo, el índice, mantiene, casi imperceptible, la dignidad de su función, concentrado en él un acto último de voluntad significante; como si la incomprensible frase que imprimió el doloroso rictus en la cara del muerto hubiese tenido un destinatario concreto; como si aún quisiera hablarle a ese otro crucificado, al extremo del dedo, que, coronado de espinos, se dijo rey de los judíos.

lunes, 8 de octubre de 2007

hombre rueda


Hombre rueda corre tan rápido como puede
pisa fuerte
necesita ese bocado.

Hombre rueda corre tan rápido como puede
funcionó otras veces se dice
siempre al límite, sí
siempre casi muerto, sí
siempre.

Hombre rueda corre tan rápido como puede
sólo hay que creer se dice
boquea
blasfema
y pronto vuelve a estar listo.

Hombre rueda corre tan rápido como puede
en el observatorio
once ratas blancas
se matan de risa.

viernes, 5 de octubre de 2007

herejías

Jugar con las palabras
hacerlas heréticas.

Escribir
me cago en Dios
sin temor a que un rayo me parta.

miércoles, 3 de octubre de 2007

el cuarto poder


- ¿Y ustedes trabajan sólo de esto?
- Bueno, no, yo también soy periodista...
- ¡Periodista! ¡El cuarto poder!
Sonrisa cortés.
- En serio... ustedes son el cuarto poder, ¿no sabías?
- Bueno, eso dicen...
- Cuchá, yo una vez estaba en el tren... - mueve las manos; de repente, alrededor, parece haber un tren- viajaba a Capital, ¿viste?, y veo a un tipo, grande, que me miraba; yo lo miro, ¿viste?, y el tipo nada - cabecea hacia adelante y levanta los dedos amontonados apuntando para arriba- así le hice, y el tipo nada; "¿qué te pasa viejo?", le dije, yo era pendejo y no me importaba nada, ¿viste?, y el tipo saca del bolsillo un papelito, lo mueve así y me grita "¡periodista señor!"...
No sé qué decir. Debo expresar eso con el gesto, porque sigue, satisfecho:
- Pará, pará, que me bajo en la siguiente estación, y el tipo también, y cuando voy caminando por el costado del tren, aparecen dos canas y me llevan preso... ustedes tienen mucho poder, viejo, son el cuarto poder.
La conversación se corta ahí, mi compañera me llama para que levantemos los platos y sirvamos los postres.

lunes, 1 de octubre de 2007

james tate (II): experimentos


Enseñando al mono a escribir poemas

No tuvieron gran dificultad
para enseñar al mono a escribir poemas:
primero lo amarraron a una silla,
luego ataron el lápiz a su mano
(el papel ya había sido dispuesto).
Entonces el Dr. Bluespire se inclinó sobre su hombro
y le susurró al oído:
“Pareces un dios ahí sentado.
¿Por qué no tratas de escribir algo?”.



De Absences (1972). Recogida en James Tate. Selected poems, Wesleyan University press. University press of New England, Hanover and London.