viernes, 5 de septiembre de 2008

los círculos imperceptibles

Dos fotos. Entre ambas, más de veinte años. Las fotos están ahí, en álbumes separados, en esferas aisladas durante un montón de tiempo, hasta que alguien las conecta. Viendo una, recuerda la otra. La busca, la encuentra, las pone juntas. Las fotos son casi iguales, o demasiado parecidas: las mismas dos personas, en el mismo lugar, en similares posiciones... pero con veinte años de diferencia.
Como si un pequeño círculo se hubiese cerrado. Un pequeño, imperceptible círculo, que sólo la casualidad hace visible, pero que seguiría siendo un círculo aún si no lo hubiésemos visto.
Se me ocurre que nuestras vidas están llenas de esos círculos. Bailamos la precisa coreografía del azar.

libro abierto/libro cerrado


El local es chico, con los libros amontonados en los estantes, llenando cada espacio. Junto al mostrador, sobre el piso, un par de cajas abiertas con libros adentro.
Pregunté al hombre del mostrador sobre libros de radio. Mmm, hace. Está fumando. Con el cigarrillo en los labios mueve los libros de un estante cercano. Sigue haciendo mmm.
- Tengo éste, nomás.
Me alcanza un libro envuelto. Dos tiras de cinta scotch cierran el pliegue del nylon. El sigue buscando. Menciona uno sobre televisión mientras yo leo la contratapa; de radio, sólo ése, dice. Parece interesante.
- ¿Puedo abrirlo?, pregunto.
- No, está cerrado, responde suavemente. El cigarrillo se mueve en los labios cuando habla. Sigue recorriendo los libros del estante.
Vuelvo unos segundos sobre la contratapa. Me siento un poco descolocado por la suavidad de la respuesta. Y por su sinsentido: pregunté si podía desenvolver el libro porque sabía que estaba cerrado. La respuesta, entonces, no explica nada. Sólo niega. Pero con suavidad.
- Si no sé lo que hay adentro no sé si me interesa comprarlo, digo, sin abandonar la cortesía en la que nuestro diálogo está instalado.
- Sí, pero está cerrado.
Pienso en lo rotundo que puede resultar un libro cerrado. En lo infranqueable del celofán.
- Bueno, muchas gracias -digo, y le vuelvo a entregar el libro envuelto-, que tenga suerte.
- Gracias, viejo, hasta luego.
Salgo de la librería preguntándome cómo le estará yendo en el negocio.

ignition

"¿Cómo reacciona la ciudad ante la inminencia de un hecho trágico transmitido en directo? ¿Qué caminos eligen tomar los encargados de contarlo?Arranca la función real del circo urbano completo. Nadie quiere estar ausente. Terminó una cuenta regresiva. Le sigue una peor. A partir de ahora -con cuatro capítulos por semana- empieza la historia online del morbo".

Así invita Don Aon a sumergirse en su relato. El primer capítulo ya está acá, y promete acción.

martes, 2 de septiembre de 2008

periodismos

Hace unos días, Luís publicaba, en Pulga de libertad, este post a partir de una renuncia en el Chicago Sun-Times. Yo ya venía medio obsesionado pensando acerca del estado del periodismo gráfico, y atento - sobretodo- a lo que otros piensan sobre el tema. En estos días siguió el asunto dando vueltas en mi cabeza.
Hoy leo esta nota y pienso que viene al caso.
Me sugiere varias cosas: la primera es que la nota misma resulta un excelente ejemplo de lo pedorro que está siendo el periodismo gráfico en todos lados; como la famosa teoría del batir de las alas de las mariposas: una figura vendedora se sopla los mocos en Monterrey, y un ciclón llega a las redacciones madrileñas.
Otra, es que con eso de "escribir sale del alma, los otros medios son aparatos, son máquinas", el Gabo se fue al pasto.
La tercera: a pesar de lo anterior -o precisamente por eso- el asunto sigue vigente.