Emily está embarazada. Su papá la dejó embarazada. Ella dice preñada.
Una noche, cuenta, se despertó con alguien dentro de su cama. Cuando se fue, reconoció a su padre.
Él ahora está preso. Es sicario.
- Mata gente, dice Emily.
El hermano de su padre también es sicario.
- Si él no te puede matar a tí ahora averigua tu nombre y apellido, mueve unos santos, y tú te mueres.
Una señora, en la mesa de al lado, se persigna y nombra a dios.
El tío de Emily no quiere que sus hijos sigan su camino. A uno de ellos no le gusta estudiar. Él lo amenazó con matarlo si deja la escuela. Presumo que al tío de Emily no le gusta hablar con metáforas.
- ¿Cómo se llama tu padre?, le pregunta otra señora a Emily.
- Venancio.
- Ahora tendrás que ponerle Venancio a tu niño, dice la señora.
Emily no quiere decir en la escuela que está embarazada, para que no la echen. Ya echaron, por ese motivo, a dos compañeras.
Emily no come sus lentejas. No le gustan.
Emily tiene catorce años. Emily es una niña.

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