miércoles, 28 de noviembre de 2007

existencialismo asfáltico



Después de un par de horas, todo empieza a parecer distinto; a asumir otros sentidos. Se dirá que es el efecto del sol sobre la cabeza... y puede ser, no digo que no. Pero hay algo más, no sé.

Cuando se hace dedo, la ruta se transforma en una especia de anfiteatro, y uno en actor de un drama extrañamente dinámico y breve. Los autos pasan a toda velocidad, y en tres o cuatro segundos, como mucho, uno tiene que hacer su pequeño acto de seducción, tiene que parecer convincente: no soy chorro, no soy loco, no estoy sucio... no importa si todas esas categorías son pertinentes, o no, si son verdaderas o no lo son, si nos gustan o no: son las categorías que importan, y uno termina pensándose en función de ellas.
Y ahí aparece el matiz moral del dedo. Hacer dedo es, podría pensarse, someterse a una ametralladora de juicios morales. Es, en fin, algo parecido al infierno de Sartre.

2 comentarios:

M.V. dijo...

Si, la ametralladora moral (que dispara demasiado rápido, ver 110km/h) que acto seguido lo hace relojear por el espejito retrovisor y le dicta una nueva sentencia "por ahi era bueno, el Pibe..." Es el peligro de cargar el arma con moral. En cambio para quienes prefieran sepultar en su pie derecho, cualquier hesitación respecto a la nobleza de quien esta haciéndo-dedo, la moral se limita a autoconvencerse que "son todos iguales", "vayan a laburar", "estoy demasiado ocupado para hacer sociales", etc.
Quien tira un rebaje como para poder hacer zoom a pulgarcita o pulgarcito de turno, que de alguna manera, se acerca al "dedo" como quien se acerca a una puta del hipódromo, (¡atención chicos!) Es peligroso.
En fin, peligrosa vocación ser chofer de camión.
Saludos BJ

Trescaídas dijo...

Sí, BJ, la hesitación del camionero, en la soledad de la ruta, puede hacerlo cometer locuras. Es sabido.
Un saludo pa usté.