sábado, 18 de julio de 2015

otra Cenicienta es posible...




- Pa, al final... Cenicienta y el príncipe se casaron, ¿o no?

- Ya te conté la historia, Miguelito, ¿no te acordás?

- Sí, pero hoy Dieguito me contó en el jardín que la historia terminó de otra manera y que los papás y las mamás siempre cambian las historias porque no quieren que sepamos que el mundo no es de color rosa y quieren prepararnos para las vicisitudes de la vida que tantas preocupaciones nos traerán cuando ingresemos en el mundo adulto y que además esa práctica tan vinculada al ejercicio de la paternidad y la maternidad de mentirnos a los hijos estructura sobre nuestras conciencias una dinámica que nosotros mismos pondremos en práctica cuando nos toque asimismo cumplir el rol de padres.

- ...

- Dieguito me contó que el príncipe encontró a Cenicienta sí y que se casaron sí pero que la frase final de que fueron felices y que comieron perdices no se condice con la verdad pura verdad porque en realidad no había perdices que comer porque el mundo en el que se desarrollaron los hechos no estaba en el pasado sino que estaba en el futuro porque el cuento se lo contó un viajero del tiempo a una persona que lo empezó a contar y a contar y entonces ahora lo sabe todo el mundo pero lo remiten al pasado porque no pueden aceptar que el ser humano tiene la capacidad de viajar a través de los tiempos porque no entra dentro de los paradigmas científicos de la época y que entonces resulta que el cuento de Cenicienta no es un cuento sino que es una historia real pero deformada y que en realidad no ocurrió sino que ocurrirá pero que eso da lo mismo porque si el tiempo es circular como aseguraba Einstein lo que ocurrió volverá a ocurrir y lo que ocurrirá ya ha ocurrido innumerables veces y que la historia de la Cenicienta y el príncipe ocurrió y ocurrirá en el futuro y que ese futuro es más negro que la pieza cuando me apagás la luz a la noche porque nos encaminamos a la explosión social en este sistema capitalista que el ser humano tan cruelmente se ha procurado a sí mismo y cuya propia lógica hace que la marginalidad deje de ser marginal porque cada vez es más mayoría y que los marginales van siendo los que tienen perdices que comer.

- Miguel...

- Y que entonces en ese mundo que ahora es nuestro futuro pero que ya pasó en otro momento el príncipe y la Cenicienta se casaron pero distaron mucho de ser felices porque estaban muy concentrados en las miserias que su pueblo y ellos mismos estaban sufriendo y que una persona no puede ser realmente feliz cuando sus pares no lo son y que si dice y se dice a sí misma que es feliz es porque tiene muchos problemas psicológicos y se tiene que hacer tratar porque no puede asumir la propia infelicidad.

- Hijo, escuchame...

- También me contó que motivados por esa infelicidad y por la de todo su pueblo encabezaron un proceso revolucionario por el que las cosas nunca volvieron a ser iguales y que ya nunca nadie gobernó a nadie porque la gente se dio cuenta de que tenía que ser buena y que si se repartían las perdices que había alcanzaba y sobraba para todos y no había motivo por el que pelearse y entonces no había motivo por el que tuviera que surgir una persona que hiciera de juez y por tanto que pudiera ser corrompida porque no por ser juez se deja de ser persona y que el error está en atribuirle a una persona las características de un dios porque los dioses no existen sino que son construcciones del hombre y que no es el hombre el que está hecho a imagen y semejanza de dios sino al revés por el puro egocentrismo del ser humano y que como en realidad el futuro también es pasado y siempre se dijo que hay que aprender del pasado nosotros teníamos que aprender de la historia de la Cenicienta que se casó con el príncipe y empezar a compartir las perdices antes de quedarnos sin y como no teníamos perdices en el jardín él me convidó de su sanguchito y yo le di de mi chocolatada y seguimos pintando en el papel sin importar de quién eran los crayones.



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