jueves, 19 de junio de 2008

fragmentos de un inexistente diario de viaje


27/5


Nada que decir. Solamente un desconcierto.

Hoy me pareció reconocer una cara. No la de alguien conocido; me refiero al reconocimiento de algo en una cara. Seguramente lo que estaba buscando.

Es gracioso que llegue ahora, casi al final, y tan fugazmente que apenas me animo a asegurarlo.

Probablemente aquella cara sólo me ayudó a reconocer una carencia. A sospecharla.

No era un rostro particular - y que conste que escribo "rostro" sólo porque ya hubo varias "caras"...-. Un chico, casi un adolescente, viajaba en el mismo colectivo que nosotros, en un asiento orientado hacia atrás.

Supe que no vería a alguien así en mi lugar. Supe que el muchacho era genuinamente extraño a mi universo. Y lo era naturalmente, sin exceso; fuera de lo previsible.

A su lado viajaba también un viejo. Lo había visto antes, cuidando coches en el pueblo, junto a la playa. Siempre con una gorra dada vuelta sobre la cabeza, apenas calzada. Estando tan cerca pude distinguir dos escarbadientes apretados bajo la tela de la gorra, uno en cada sien. Un tercer palillo se movía de un lado a otro de la boca.

Después de notar lo genuino del muchacho, se me hizo evidente también lo real en el viejo. Lo real en el conductor del colectivo, en los otros pasajeros, en el pueblo que ya aparecía atrás de una curva. Todo empezó a resultarme evidentemente ajeno. Todo volvió a interesarme desde ese lugar.

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