23/4/2008
Tres bolas de billar como la sonrisa de un payaso.
¿Por qué los ojos en los ojos? ¿Por qué no otra forma?
Una cortina de agua. Una lluvia de fuego. La contorsión y la pausa. De pronto, la pausa.
Ojos metidos en un cierto tiempo. Sin el tiempo necesario no habrá ojos; no esos ojos.
Sin esos ojos, el tiempo es sólo tiempo. Y después, intervalo. El sonido es otro; el fuego que llueve es otro; la lluvia que quema es otra. Todo es, a su modo, intervalo.
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2 comentarios:
Buenas, me quedo pensando en el intervalo, y cuando el intervalo deviene tiempo definitivo, nuevo. en qué momento, sin que uno se de cuenta, ya no produce lo mismo levantarse de una siesta y encontrar que han pasado.. cuántos? tres años?
en fin.. qué bueno que hayan vueltos tus escrituras, un saludo Santi!
Un intervalo de tres años es mucho intervalo, sí... ¿Qué pasa cuando el intervalo se transforma en el espacio de sentido? ¿Aparece literatura?
Un abrazo pa usté, Carito.
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