martes, 17 de enero de 2012

fragmentos de un inexistente diario de viajes (VI)

23/4/2008

Tres bolas de billar como la sonrisa de un payaso.
¿Por qué los ojos en los ojos? ¿Por qué no otra forma?
Una cortina de agua. Una lluvia de fuego. La contorsión y la pausa. De pronto, la pausa.
Ojos metidos en un cierto tiempo. Sin el tiempo necesario no habrá ojos; no esos ojos.
Sin esos ojos, el tiempo es sólo tiempo. Y después, intervalo. El sonido es otro; el fuego que llueve es otro; la lluvia que quema es otra. Todo es, a su modo, intervalo.

2 comentarios:

Caro dijo...

Buenas, me quedo pensando en el intervalo, y cuando el intervalo deviene tiempo definitivo, nuevo. en qué momento, sin que uno se de cuenta, ya no produce lo mismo levantarse de una siesta y encontrar que han pasado.. cuántos? tres años?
en fin.. qué bueno que hayan vueltos tus escrituras, un saludo Santi!

Santiago Maisonnave dijo...

Un intervalo de tres años es mucho intervalo, sí... ¿Qué pasa cuando el intervalo se transforma en el espacio de sentido? ¿Aparece literatura?
Un abrazo pa usté, Carito.