miércoles, 1 de julio de 2009

catarsis VI: la región del hombre

II
Me siento a los pies de la cama. Mi madre teje, del otro lado.
El murmura. Cosas incomprensibles. Gira la cabeza un poco, y habla a alguien detrás suyo. Asiente, sonriendo.
Clava los ojos en el techo, y se queda un rato así, mirando. Viendo. Después se duerme. Despierta, y vuelve a dormirse. A veces abre los ojos retomando un diálogo que acaso siguió desarrollándose.
Lo observo, tal vez pensando en la vejez. Por primera vez en mi vida, seriamente, pensando en la vejez. Preguntándome por la región en la que un hombre, un buen hombre, conversa al mismo tiempo con sus vivos y sus muertos.
Desde allí me mira, súbitamente. Le sonrío. Me sonríe y me guiña un ojo, apenas, rápidamente.
Mi madre, al lado, teje. No le digo nada.

4 comentarios:

María dijo...

Descarnada y despojada entrada, excelente trescaídas, incluído Onetti y sobre todo estas catarsis que dejan pensando tantas cosas, esas intersecciones o huecos entre la vida y la muerte desde la vida y tan solo sentimos que podemos estar, acompañar, estar cerca.
Un abrazo, María

Trescaídas dijo...

Sí, María, sentimos eso. Y me gusta la idea de las intersecciones.
Un abrazo grande.

néstor dijo...

La posibilidad de encontrar un lenguaje que hace innecesaria la palabra. Llega, aunque no se diga nada.

Un abrazo.

Trescaídas dijo...

Ahí está la cosa, Néstor. No hay más que eso.
Abrazo.