jueves, 2 de octubre de 2008

las vidas de los otros


La mujer relata al hombre de traje el problema con su marido. Estuvo en un psiquiátrico y se escapó. No quisieron aceptarlo de vuelta, y desde entonces no sabe qué hacer con él.
El hombre de traje asiente. Sostiene una carpeta por la que asoman algunos papeles. Al principio pienso que es un abogado, a quien la mujer consulta para presentar alguna demanda. Pero al poco tiempo una chica sale del ascensor y se acerca a donde la mujer y el hombre hablan.
- Ella es la hija- dice la mujer-. El es el doctor, el psiquiatra.
Se dan la mano. La chica se queda parada un momento, mirando el piso. Titubea y después desaparece por el pasillo.
- Bueno, ahora ya tengo la orden judicial, pero igual tengo miedo de que, cuando él esté mejor físicamente, no lo quieran aceptar en el hospital.
El hombre asiente, y dice algo que no llego a oir. Parece tranquilizar a la mujer.
Una enfermera me hace señas desde lejos. El piso ya está seco. Vuelvo a la habitación. En la camilla, la respiración continúa, profunda.
En la calle, cuatro pisos abajo, se amontonan los autos en doble fila, suenan bocinas, los conductores frenan y luego vuelven a avanzar. Peatones cruzan en mitad de la cuadra, caminan por la calzada, entran y salen del edificio. Nadie levanta la cabeza. Nadie mira hacia la habitación contigua desde la que, estoy seguro, la chica observa las vidas de los otros.

3 comentarios:

Siberia dijo...

Esa ventana de la fotografía parece adelantar la tristeza y la desesperanza. Pero su relato sí lo ilustra con una belleza notable a pesar de la triste soledad, el desamparo, frío distante que trasmite. Magnífico relato.

Un abrazo

carmen dijo...

Me gusta tu blog! Destila sentimiento y emociones.
Te agrego a mis links, un saludo.

Ciao

Trescaídas dijo...

Bueno, Carmen, me alegra que te guste.
Estoy pensando en poner una destilería, pero si no es clandestina no tiene gracia...
Saludos.