viernes, 28 de agosto de 2009

trece horas: seis y once (VII)

Viene de acá.

Las farolas de la calle están encendidas. Un cono de luz cae sobre la entrada del supermercado. Poca gente. Lo bueno del invierno es que el día termina temprano.
El ruido continuado de los autos sobre el agua de la calle tiene algo adormecedor.
Trece horas, dice en voz baja y mira el reloj en su muñeca izquierda. Adentro un empleado acomoda algunas cajas vacías. Desde la fiambrería, al fondo, una radio pequeña que cuelga de un gancho canta canciones en chino. Suenan tristes. Todo lo demás es silencio; un silencio contundente, que subraya la voz aguda y extraña de la radio.

3 comentarios:

María dijo...

Me impactan de estos textos los ritmos, los contrastes y las repeticiones. Hay momentos de tensión, fuertes, otros que se vuelven descripción (muy bien logrados)...hasta llegar por ahí a un silencio. Me gustó especialmente “las tres y media”, imágenes como por ej. “Te mecés, a la deriva, en la balsa que surca un abismo de agua”.
Un placer.

Trescaídas dijo...

Gracias, María. A estas imágenes me refería en el comentario que dejé hace unos días en Liminal... fue aquel texto sobre las grafías chinas el que me llevó a subir éste, escrito hace tiempo.
Me alegra que te guste.
Un abrazo.

Carito dijo...

pero ahora hay olor a verano. es como una sensación de días incrustados en el devenir del invierno.
si pienso en un supermercado chino: lámparas de papel, gatos de plástico rojo moviéndo rítmicamente el puño, algo así como fuegos pequeños entre las verduras y las latas de atum marca patito. abrazos.