sábado, 22 de agosto de 2009

trece horas: ocho y veinte (II)

Viene de acá.

La reja verde ya está abierta. Los vidrios del frente cubiertos por carteles con ofertas. Adelante, entre el vidrio y la reja, bolsas de carbón y cajones vacíos. A su lado está él. Camisa blanca y pantalón azul, el uniforme desentona con las zapatillas claras, demasiado grandes.
Se acomoda un poco. Ni siquiera me ponen un banquito como la gente, piensa. Los costados del cajón de cervezas sobre el que se sienta están arqueados. Chinos de mierda, piensa y se lleva la mano a la cintura; es un gesto automático. Bajo el cinturón siente el relieve del arma. Cuidate Negro, recuerda que le dijo el padre cuando se la regaló. Primero disparás y después averiguás, le dijo.
Pasan los autos, a veces los cuenta. Circulan y se detienen periódicamente; se acumulan frente al semáforo de la esquina y luego arrancan  de nuevo. Como el flujo de un latido más grande, pensó alguna vez; como sangre en otra escala.

5 comentarios:

Carito dijo...

siempre quise pensar, no debe ser nada original, el mapa sonoro de una ciudad, así, a gran escala, y que todo fuera parte de lo mismo. los trenes, los obreros martillando en las obras, el "a comer" de las abuelas, ese sonido de la nada de los ventiladores,la música del piano de la chica del tercero.

Siberia dijo...

Cada vez más odio la ciudad. Me sobra, me sobrepasa, me aplasta, me carga, me duele. Quiero volver a mi pueblo, o mejor quiero volver a mi casita en la montaña.

Un abrazo

Trescaídas dijo...

La sinfonía de la ciudad es magnética. Cuando se da de un modo armónico -cuando hay un buen encuentro entre el martillo hidráulico de la obra de la otra cuadra, y el piano de la chica del tercero, por ejemplo- puede ser encantadora (más por el piano que por el martillo, claro); cuando no, puede ser una piedra en el zapato.
Me alegra mucho que encuentren en el relato temas que no había pensado cuando lo escribí.
Abrazo a las dos.

María dijo...

Impecables relatos. Me gusta el juego discursivo/descriptivo en 1° y 3° personas.
Un abrazo.

Trescaídas dijo...

Gracias, María. Un abrazo.