viernes, 21 de agosto de 2009

trece horas: siete y cincuenta y tres (I)

Apoyado contra la reja verde, espera. Las manos, hechas puño, en los bolsillos. Las solapas levantadas cubren la mitad de la cara. El vaho que espira por la boca hace parecer más crudo el frío de la mañana gris. Llueve. Las puntas de las zapatillas están mojadas y siente los pies fríos; mueve los dedos: húmedos y fríos. La vereda y la calzada están completamente mojadas. Es una lluvia tenue pero constante. Ha llovido buena parte de la noche y promete hacerlo todo el día. Trece horas, piensa, y escupe finito un metro delante de su pie. Mueve los dedos. Están fríos y húmedos. Trece horas, dice en voz baja. Hoy llegó temprano. Espera.

1 comentario:

Carito dijo...

3 de la mañana. en fin..
algo del texto me hizo acordar a Saer, la insistencia de la lluvia, el gris, la sensación en los pies. y algo, más específicamente, me hizo acordar a "Cicatrices", a las vueltas en auto por esa ciudad alucinada. pavimento, estatuas, gris.
abrazo!