sábado, 29 de agosto de 2009

ruido de animales salvajes

 
Rugen las bestias. Se contornean, misteriosamente, caricaturas de sí. La hembra se acerca oscilante, ritual. Dibuja eses y con golpes secos pega sus glúteos a mi pierna. Un orangután se abre paso en la maleza y un grupo de lemures ríe una risa macabra, una y otra vez. Una marmota duerme su sueño eterno abrazada a un daikiri, mientras aquel chimpancé le roba besos a los hipopótamos. La hembra se empeña en deletrear el abecedario: dame una y griega, te doy una y griega, dame una eme, te doy una eme, dame. Ella pide, la manada le da y, mientras, dale que te pego al meneíto zumbón. Aullidos, graznidos, balidos, siseos... 
Bajo mi sombrero blanco, pequeño e indefenso, constato sin sorpresa que he perdido los instintos: la selva me doblega.

2 comentarios:

Carito dijo...

Clara se paraba a mirarlos: desde la pasarela de arriba, los miraba saltar como si formaran parte de un sólo pulmón animal, que se contraía y se relajaba y era iluminado por luces naranjas, rojas y verdes.En esos momentos se sentía la persona más sola del mundo Y la vencía el sueño justo cuando se suponía que debía estar más despierta.
Todavía después de regresar, ya en su casa y en su cama sentía que había algo que no se cortaba, la música se prolongaba y le latían los ojos. demasiada gente, como para querer dar una bocanada de aire, como querer salir a la superficie.

Trescaídas dijo...

Tal vez todo sea un malentendido... a lo mejor Clara, y el explorador, no pueden despegarse de su instinto. A lo mejor hay en ese latido de los ojos, una pulsión irrefrenable de supervivencia.